Humberto Avena

Gabriel Orozco Maldonado/Séptimo Cantón

 

Tepic, Nayarit.- “El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta”, una frase de Pablo Neruda que acomoda con perfección en el perfil del  abogado Humberto Avena, nayarita bien nacido en el poblado de Sauta, municipio de Santiago Ixcuintla, en 1956; en dicho poblado terminó su primaria y en Villa Hidalgo la secundaria. Personaje de la vida diaria de Nayarit, con arrojo y valentía  expone su punto de vista: ateo confeso, que sabe de amistad y se habla de tú con  la lealtad. Humberto Avena se describe como un hombre que a pesar de las carencias fue muy feliz en su niñez, pues narra que vivió ceñido por el cálido abrazo del arroyo de su pueblo; un manantial que aliviaba cualquier espacio para el asomo de cualquier tristeza, siempre junto al abrazo de su hermano, Fernando Martín. El rostro, las manos y la expresión en los ojos hablan de una lucha interna que tuvo la erupción de un volcán para convertir una ilusión y anhelo infantil en realidad, pues siempre soñó con llegar a ser abogado, pues la lectura lo acompañó con la ferocidad  de un lobo tras su presa en invierno.  Siempre alerta,  aun joven, decide probar suerte en la ciudad de México y cursa un semestre en el nivel bachillerato del politécnico nacional, pero como no se adaptó a la vida  apiñada y trajinante de los “defeños”, decide retornar a su lugar de origen en donde reside durante tres meses; pero la ruta ya estaba trazada y posteriormente se traslada hacia la frontera, específicamente a San Luis Río Colorado, Sonora, ahí cursa el nivel medio en el CECYT perteneciente también al politécnico. Humberto Avena, franco y recio, nunca se imaginó que en una visita con parientes de Tepic, en tiempo de lluvias, marcaría su vida personal y profesional, pues un gigante verde deslumbró  su vista.

“Yo no iba entrar a la universidad de Nayarit, (aquí me quede e hice la carrera), sin embargo, porque digo que no me iba quedar, porque mi interés era entrar a la UNISON (Universidad de Sonora), yo vine de San Luis Río Colorado a visitar a mi familia y me regresaría para entrar a la UNISON, pero resulta que al estar aquí  me enteré que iba haber exámenes en la Universidad Autónoma de Nayarit en la escuela de leyes y el día que me iba a ir  me acordé y fui a ver si había quedado, observando que estaba en la lista de aprobados, era el número uno o el dos, no recuerdo, pero aún  así me fui para allá y al llegar veo que no estaban los amigos y me regresé el mismo día en la noche, llegué en la mañana. Un factor que me hizo regresar fue el cerro de San Juan. Imagínate, yo viviendo tres años y medio en San Luis Río Colorado con el  calor, cerros pelones, llegó  en tiempo de lluvias y veo el cerro, me dije, yo soy de aquí; por eso lo subo diariamente. “

Joven soñador, pero con carencias, que son el motor de la superación, Humberto Avena, empieza a litigar dos años antes de recibirse, los pagos son oxígeno puro, pues en vez de usar un pantalón para toda la semana, ya el guardarropa indicaba que eran tres. Su primer honorario fue el de unos botines de la marca El Canelo, que un comerciante zapatero le dio en pago por un trabajo legal. En esa época de estudiante se acerca al notario Catarino Jiménez, quien le permite leer expedientes y acrecentar sus conocimientos.

La decisión y el amor a su estudio rindieron frutos y al egresar en 1981 de la UAN lo hizo con los mayores honores, con el mejor promedio de su generación y como premio lo invitaron  al colegio militar con los cadetes militares y a un desayuno con el entonces regente del Distrito Federal, Carlos Hank González.

Recién egresado y ya titulado, monta su despacho en avenida Allende número 33 casi esquina con Zacatecas, donde duró 12 años. Nunca ha aceptado ocupar cargos públicos, pues la litigada es su pasión, sólo en el sexenio de Emilio M. González fue asesor externo, pero sin ser funcionario.

Para este prestigioso abogado la existencia de tantas universidades privadas es el resultado de la crisis educativa en el país, pues entre más universidades existan, esto significa el desapego del gobierno a su responsabilidad pública. Afirma que del cien por ciento de egresados sólo el diez por ciento es viable para la sociedad, el resto es “destripado “   y no van a encontrar un futuro.

“Que no se vayan con la idea de que por ser simples alumnos de una escuela eso ya los formó, un estudiante debe leer mínimo de tres a cuatro horas en temas de su profesión, de otra manera deben dedicarse a otras actividades, como vender tacos, ser herreros, lo que sea, pero que lo hagan bien.”

En la última parte de la entrevista nos comparte algo muy íntimo, nos señala que es padre de seis hijos, dos varones y cuatro mujeres, no obstante, su voz cambia, su hablar envuelve un silencio; su mirada se convierte en el anochecer de un mar al recordar una tormenta, su mirada señala un cuadro colgado en su oficina, es la imagen del hijo que no está pero que no se ha ido, su voz infantil y su euforia juvenil resuenan en el corazón de Humberto.

“Mi primer hijo varón falleció en un accidente, es el que está aquí en la oficina, se llamaba Michel Arturo Avena García, muere de 25 años de edad, ahí está su título de abogado, siendo ya un profesionista. Este suceso me revela de cuerpo entero la fragilidad de que estamos hechos los seres humanos. Un recuerdo bonito era verlo como reaccionaba a mi llamado y tratar de apoyarme, de darme la mano  cuando tenía un problema. Otro  recuerdo hermoso del chamaco era el orden que estableció en la oficina,  el desde jovencito conoció todo el teje y maneje del changarro, él sabía dónde estaban las cosas, quitar o poner, ahora que no está aquí es Rosario quien lo hace. El último día que lo vi estuvo conmigo desde las 6 de la mañana  hasta las 10 de la noche Al día siguiente yo me voy a pescar a las Isabeles y cuando regreso me informan que había fallecido en un accidente automovilístico. Iba en el carro de mi mujer y se volcó, pego de capote contra un árbol de huanacaxtle, murió al instante.”

“A mis hijos decirles que su papá trabaja nada más para ellos, en forjarlos, realmente yo no pienso en mi sino en su futuro. Decirle a la sociedad que dejemos de ser indiferentes a la vida publica ante la degradación existente, debemos participar activamente. “

La vida ha sido testigo de un Quijote, de un errante, de un soñador, de un cazador de gigantes; adorador del guardián que silencioso protege la tierra del maíz con su piedra maciza. Humberto Avena, ya dejó semilla y fruto en vida, pues su honestidad es legado que prospera.