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Enrique Hernández Quintero: más allá del análisis y la crítica política

 

*Un superviviente y adorador de la polémica comparte una fracción de su mundología

Gabriel Orozco Maldonado/Séptimo Cantón

Tepic.- No es una mañana cualquiera. El reloj marca las 9 am del miércoles 28 de septiembre. La cita es en el restaurante del hotel Las Higueras de la capital nayarita; el tiempo pasa y la llegada de un personaje como Enrique Hernández Quintero, que ha trascendido más allá de los últimos sexenios  se hace larga. Finalmente,  llega, previo mensaje telefónico, arriba al lugar un hombre muy cortés, pero con mirada de incredulidad tras la petición de vernos para realizar la entrevista.  Llega desfajado, calzando unos zapatos muy finos y con unos lentes que le permiten ver con detenimiento la muchedumbre que se dejaba sentir a esa hora, la mayoría simpatizantes de Morena y de Miguel Ángel Navarro,  pues el hotel es el sitio de moda de la clase política nayarita. Antes de iniciar la entrevista saluda a la también periodista Gricela Villa. Tras un leve intercambio de opiniones, por fin se aproxima a la mesa; personaje que  ha logrado crear una simbiosis  de sentimientos, un intelectual que no pondera con la soberbia del saber, sino que escucha, analiza y decide; un ser humano practico, sensible, autocrítico, agradecido y, sobre todo, un orgulloso hijo que, aun pasado el tiempo, recuerda con amor a su padre, Enrique Hernández Zavalza,  profesor originario de Ixtlán del Río y que forjó un legado de sabiduría.  Tras el saludo cordial toma su sitio, pero antes de hablar llega Rosita, la mesera, símbolo de calidez durante muchos años en ese espacio de la ciudad, la cual nos ofrece café; el maestro Enrique Hernández Quintero pide instantáneamente la carta, ordena e inicia un diálogo con respeto y atención, donde los temas cotidianos de la vida política de Nayarit no pueden faltar, aderezados con anécdotas de su ya larga trayectoria en el ámbito público.  Se declara lector de Gabriel García Márquez, a quien sin duda esta frase se le acomoda a la perfección: “La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado”.  Enrique Hernández Quintero, nació el 16 de junio de 1969 en el hospital del ISSSTE de Tepic, nacido bajo el signo de géminis del que se dice un orgulloso representante. Tras desayunar, por fin damos pie a una conversación  que se vuelve más una confesión de alegrías, tristezas, recuerdos y perspectivas; pero, sobre todo, de amor por sus hijas.

¿Cómo fue su niñez?

Mira, yo tuve un accidente que debió haber sido mortal, pero por cosas del destino no lo fue; en mayo de 1972 me caí del quinto piso de la rectoría en la Universidad Autónoma de Nayarit, que era el lugar donde trabajaba mi padre y ese accidente, una caída libre de 12 metros, no me mató. Toda mi infancia la crecí escuchando preguntas de la gente, cuando me conocían decían, “¿tú eres el que te caíste de la torre de rectoría?”, yo les decía que sí. Entonces, fue una infancia típica del Tepic de los años setentas, de buenas escuelas públicas, estuve en la Juan Escutia; pero por razones de ese accidente tuve mucha sobreprotección familiar y pasé a ser un niño hogareño, porque de alguna manera no querían que se repitiera un evento de esta naturaleza, y fui un niño muy feliz en un hogar tradicional, con tres hermanos, con mucha comida, cocina muy rica, con una nana muy cariñosa y con un patio interior muy grande , con un chapoteadero que después fue alberca con un jardín para bicicletas, que posteriormente se convirtió en una cancha de básquetbol; entonces fui un niño muy feliz en los setentas.

¿Los temas de salud cómo se trataban en ese tiempo?

Yo fui un niño gordito, que en aquellos tiempos era un signo de salud (risas), no de enfermedad; yo jugaba mucho, me identifico con el poema “Sol de Monterrey”, de Alfonso Reyes, porque cada 15 días estaba en la playa. Tuve la suerte de muchos nayaritas de ir de manera recurrente, íbamos a un lugar paradisiaco que era Guayabitos, donde mi abuelo tenía unos “búngalos” y en una esquina, en un lote baldío, mi padre luego construyó una casa muy bonita que, incluso, llegó a salir en revistas. Mi contacto con el mar y los juegos con mis hermanos hicieron que fuera un niño muy feliz.

¿De su  adolescencia qué recuerda?

Igual, en escuelas públicas, fui un joven inquieto por saber, tuve una casa donde había libros por todas partes, todas las preguntas que hacía tenían respuesta, ahí estaban en los libros y había que buscarlas, y yo era un experto manejando libros; y me tocó la etapa de la televisión, su crecimiento, el salto de dos a cuatro canales, a la televisión satelital, fui un devoto de la televisión; entonces, gran parte del esparcimiento lo tenía ahí con las series televisivas. A mí me gustaba ver una serie que se llamaba “El precio del deber”, que era de tipo policiaco; veía  la serie del doctor Quincy, el médico forense; también Magnum, que era sobre un inspector que vivía en Hawái y, obviamente el futbol, de tal manera que tuve todos los satisfactores que tuvo un joven típico de los ochenta.

 

 

 

¿Qué géneros literarios empezó a leer en su naciente época de lector?

Yo me acuerdo que mi padre hacía una rutina que era salir a la playa, pero antes íbamos a Publicaciones Azteca y nos compraba muchos cuentos, de los clásicos ilustrados, que fue una manera de iniciarnos en el arte de la lectura, una manera muy inteligente. Una noche fuimos a la librería y me compró mi primer libro, que era de Emilio Salgari, denominado “Sandokan”, el Tigre de Malasia y de ahí salté a Marcelino Pan y vino, después a los estremecedores: El hogar de Miss Peregrine, de Ransom Riggs; CorazónDiario de un niño, de Edmundo de Amicis y después ya no pude parar. Hubo muchos veranos en los que yo me levantaba leyendo y me acostaba leyendo, era difícil sacarme de la cama para ir a desayunar o a cenar. Leía enfermizamente a Gabriel García Márquez, después Umberto Eco, después a Luis Spota, a Mario Vargas Llosa, etc. Y encontré el sentido del placer de la relectura, a mí me gusta mucho releer y de repente leo de nuevo un autor; pero después de que lees a los mejores es muy difícil que te cautive un autor nuevo y por eso me he refugiado en la relectura, que es uno de los grandes placeres que tengo.

¿Cuál es su libro favorito de Gabriel García Márquez?

Indiscutiblemente, Cien años de soledad, porque es tal la riqueza en pasajes, en anécdotas, personajes. Te voy a comentar un secreto, mis “pasword”, o algunos de ellos en internet, tienen que ver con Melquiades, un personaje de los Cien años de soledad, con libros de Umberto Eco (risas), esos libros tienen tanta riqueza que me quedo con Cien años de soledad.

¿Ha dimensionado el legado que dejó su padre, quien era un historiador de prestigio en Nayarit?

Pues, mira (cerca de 20 segundos de silencio con la mirada pérdida en la lejanía del recuerdo y con un leve riachuelo en sus ojos; respira profundamente y exhala parsimoniosamente),  yo la mayor enseñanza que tuve de él fue que nunca respondió mis dudas directamente, me enseñó él a buscar las respuestas, entonces, mi relación con los libros es heredada. Yo me acuerdo que de niño había un programa de televisión conducido por Luis Carbajo en la televisión estatal de México, donde había preguntas y respuestas, a mis hermanos y a mí nos gustaba participar y ganábamos muchos premios, luego nos regañaba mi mamá por el cobro de la larga distancia que era muy alto en aquel entonces; pero le daba risa que llegaban los avisos de Telégrafos de México a la casa y decían los mensajeros: “un paquete para el señor Enrique Hernández Quintero”,  o para alguno de mis hermanos, pues eran los premios que nos habíamos ganado y eran concursos en los que participábamos solos, muchas veces mis papas no estaban en la casa y nosotros llamábamos porque sabíamos dónde encontrar las respuestas a las preguntas que nos hacían.

¿Qué   personalidad tenía el maestro Enrique Hernández Zavalza?

Como buen docente, él era docente aun dentro de la casa como fuera de ella. Entonces, fue un facilitador del conocimiento, hacía aprender de mil maneras, con chistes, con canciones, anécdotas y quizás nosotros en ese momento no entendíamos el fin didáctico de todo lo que él nos decía, nos cantaba o nos platicaba; ahora, viendo en retrospectiva mi relación con él, veo que todo lo hizo con un fin didáctico, con dejarnos un legado de enseñanza, quizás para que no viviéramos lo de él; es decir, aprender por la vía de los hechos, aprender tropezando con piedras. Fue un maestro de manera preventiva, quitándonos piedras del camino.

¿Recuerda las obras de su papá?

Claro. Yo tengo una anécdota muy bonita. El 31 de diciembre del 2001 mi hermano Edwin y yo nos fuimos de vacaciones a Nueva York y, primero, nos sorprendió que el día ultimo del año estuviera trabajando la clásica biblioteca de Nueva York y llegamos, empezamos a jugar en la computadora con algunos nombres de autores para ver qué tan grande y buena era, y a manera de broma le dije a mi hermano que tecleara el nombre de mi papá, lo tecleó y, ¡ahí estaba su nombre y su libro!; entonces, lo mandamos pedir, incrédulos, y nos llegó en la cápsula esa en la que envían los libros en las bibliotecas de allá. Nos tomamos una foto con el libro, era el libro de Historia del transporte, y vivir ese hecho fue muy significativo para nosotros. Fuera de eso, el libro “Historia política de Nayarit” es importante, y mucha gente me ha dicho si lo quiero continuar, porque ese texto cubre sólo una etapa de Nayarit, pero entiendo que no debo ser un clon de mi padre, su ejemplo me guía, pero yo tengo claro que quiero escribir otra historia.

¿Actualmente, cuál es su actividad?

Practico el periodismo de opinión, normalmente me he desenvuelto en tres esferas; una, la actividad periodística, la otra, la docencia y una más es el servicio público; de repente, cuando no estoy en una estructura, estoy en otra. En este momento estoy practicando el periodismo de opinión y como tal, como una idea de hacer. Yo no comulgo con el periodismo sin lectores. Quizá suene muy crítico, pero yo no comparto la idea de la simulación en la que caen muchos integrantes del gremio periodístico, de escribir y simular que los leen, no, yo soy de otra idea; soy de la idea de que si estoy en esto es para llegarle al mayor número posible de lectores, de tal manera que he hecho de las redes sociales un aliado para conformar público numeroso y, en ese sentido, estoy disfrutando mucho esta etapa, con experiencias paralelas en radio y televisión.

¿En qué medios de comunicación ha participado?

En Nayarit en casi todos. Yo inicie en el periódico de mi padre, el Observador de Nayarit, en la década de los ochenta; en los noventa estuve en radio Aztlán, en un programa auspiciado por el Instituto del Deporte y la Juventud que se llamaba “Voces de Juventud”; después salté a Meridiano como columnista de Opinión, y cuando no he estado en la función pública, básicamente he trabajado para Meridiano, pero también he escrito en otros periódicos. En Televisión y radio, en el 2002, estuve con Pepe Espinoza en “Consensos”, con esa misma idea de hacer un proyecto sin simulación, un proyecto en el que, efectivamente, buscamos tener un sesgo de interés para llegarle a mucha gente. Te voy a decir algo, si yo supiera que no tengo lectores o radioescuchas, mejor me retiro; yo no soy de la idea que tienen otros de simular que los leen, que los escuchan, que los ven, pero no es así. Entonces, esa ha sido mi constante, hacer actividad periodística para brindarla a un gran público, para que me recuerden, que la gente me vea en la calle y me diga que se acuerda de un programa o de una entrevista, o hasta alguna columna o una reflexión.

¿La obligación del periodismo, cuál debe ser en Nayarit?

Primero, antes que todo, debe propiciar la lectura. El periodismo en Nayarit se cuece aparte en la República Mexicana, en algunos aspectos vamos muy atrás  y este es uno de ellos, todavía vivimos el caso de una prensa subsidiada, de un gremio de periodistas al que las autoridades le dan trato de precaristas; como finalmente los periodistas tienen asegurado un sustento, mínimo, pero tienen asegurado ese sustento, no hacen algo más para buscar lectores, público, y ese es el problema de la actividad periodística del Nayarit de hoy, la simulación, el tener un gran gremio de periodistas que nadie lee, que nadie recuerda, no saben qué temas escribes y yo no quiero ser parte de esa simulación; de tal manera que, desde hace años, me he asegurado de ser un protagonista del periodismo de opinión, con la idea de que me recuerde mucha gente.

¿Hay pereza en el gremio periodístico de la entidad?

No es pereza, es comodidad, confort por mantener un estilo de vida que ya no vemos en otras partes de la República Mexicana, que el gremio viva gracias a los subsidios institucionales no es lo normal en otras partes del país, ni es lo ideal en el caso de Nayarit, yo soy de la idea que se requiere depurar empresas periodísticas y de comunicadores que, finalmente, la mayor parte de ellos gravitan sobre nuestros impuestos. No debe de continuarse con esta tradición malsana en Nayarit.

¿Qué calificación le da al periodismo de Nayarit del uno al diez?

No podemos generalizar. Yo he visto trabajos que me enorgullecen, te puedo hablar, por ejemplo, que he leído crónicas de Bernardo Macías Mora, de Héctor Gabriel Velázquez, notas informativas de Oscar Verdín Camacho,  fotografías muy interesantes; debo reconocer que hay una camada  muy interesante de fotógrafos, de mucha calidad, acabo de ver un trabajo de Chris Arias que me impresionó y que te mencionaba al inicio de la entrevista. Conozco, por ejemplo, algunas columnas o análisis que parecen dignos de elogio; pero, en general, tenemos un exceso de periodistas de nota informativa, notas informativas que nadie lee, tenemos un exceso de medios impresos que nadie lee, pero sí debo reconocer y rescatar casos aislados  de mucha calidad periodística.

 

¿Hacia dónde va el periodismo, ahora con el apogeo de las redes sociales?

Te voy a decir algo, el problema no es el periodismo en sí, el problema es que la mayor parte de colegas no se prepararon para el mundo digital ni para las comunidades virtuales. Hay comunicadores que somos nativos digitales, que crecimos con el internet, con la computadora, pero hay muchos periodistas que son migrantes digitales y les ha costado mucho trabajo entender el fenómeno de las web 2.0, siguen interactuando con los viejos códigos del periodismo impreso. Yo te puedo mencionar, sin dar nombres para no lastimar gente, pero hay columnistas que siguen haciendo su columna al estilo de los años ochenta, columnas de 15 o 20 párrafos, hoy eso ya no sirve. Con lastima veo, por ejemplo, muchos periodistas sin adaptar su estilo de hacer periodismo con los códigos de las redes sociales y eso nos ha llevado a que lo que no hace la autoridad sí lo haga la red social; es decir, empezar a poner en la balanza a los que valen frente a los que no valen. Hoy, por ejemplo, tú te das cuenta de que  muchos periodistas que eran los más importantes todavía hace dos décadas, o la década pasada, hoy no lo son, porque viene un proceso depurador en redes sociales; y los que sí manejan los códigos de las comunidades virtuales, los que sí tienen esa capacidad de ser concretos en sus columnas y notas informativas, de comunicar visualmente lo que no se puede decir con palabras. Hoy la fotografía ha adquirido otro rango, de ahí que haya otro “boom” de buenos fotógrafos; entonces, esos periodistas se quedaron ahí, en el pasado, siguen vigentes para un público, pero muy menor.

¿Qué frase lo define como ser humano o profesional de la comunicación?

Hay una frase que me gusta mucho, yo fui en los ochenta fanático de la revista MAD en español y hay una frase que leí en esta revista que es una ironía, una frase de Arquímedes: “Dadme un punto de apoyo y moveré al mundo”; la revista MAD la usó y ellos decían: “Dadme un punto de apoyo y me quedaré dormido”, esa me gusta, la vida debe ser para vivirla con alegría, sin solemnidades, sin formalidades excesivas, hay que saber disfrutarla, reírnos de ella y no darle la seriedad a los temas cotidianos. Creo yo, como Jorge Valdano (ex futbolista y entrenador del Real Madrid), que “el futbol es lo más importante de lo menos importante”; es decir, finalmente no hay que tomarnos tan en serio la vida, es lo que cotidianamente hago, practico y lo promuevo.

 

¿Maestro, qué mensaje le dejarías a tus hijas?

Ellas están creciendo en un lugar donde sus padres se complementan; los defectos míos, que son muchos, son compensados por las virtudes de Paola, mi esposa; yo soy muy malo, por ejemplo, para cuestiones del orden y Paola es una experta en cuestiones del orden; entonces, si la casa funciona es porque ella me suple y, de alguna manera…, por ejemplo, yo tengo cualidades para la cocina y me gusta pasar tiempo en la cocinilla y me gusta halagarlas a ellas, quienes ven esas dos personalidades que, finalmente, tienden a complementarse y creo que esa es una primera enseñanza, porque en la vida  tienen que buscar a alguien que supla nuestros defectos; y la otra enseñanza que les estoy dejando es la de que, pase lo que pase, a su padre lo van a recordar por muchas cosas en la vida, porque desde hace muchos años yo vivo con la idea de la eficacia; es decir,  me gusta que lo que se haga o lo que yo haga se recuerde, trascienda, lo bueno y lo malo, entonces, si mucha gente me conoció porque sobreviví a una caída del quinto piso, casi a los tres años de edad, desde entonces he hecho muchas cosas para que la gente me recuerde, no sé si mi vida sea estridente o no, pero si me gusta hacer las cosas con sal y pimienta, con vigor, con intensidad, que tengan mucho eco.

¿Cómo le gustaría ser recordado?

Como un Géminis, feliz, que practicaba su religión y esa religión es el Epicureísmo (la búsqueda de una vida feliz).

Tras el término de la entrevista, el maestro Enrique Hernández Quintero,  como todo un “Géminis” sobre el que Mercurio “rige” su  planeta, comunicador y mediador de su entorno,  se retira  con la simplicidad y humildad con la que llegó al restaurante.  No hubo charla posterior, solo una mirada a su reloj y un adiós.